Con la intensión recuperar Tierra Santa del poder musulmán, en los años noventa del segundo milenio de la era cristiana, Gregorio VII y Urbano II pusieron en marcha sus mejores esfuerzos en el desarrollo de la hercúlea empresa que hoy conocemos como “cruzadas” que marcó aquel periodo de tiempo de la historia. Por ansias de poder igualmente, luego de un siglo de afrontas entre clanes y una cruenta conflagración después de las movilizaciones militares y expansionistas de Oda Nobunaga y Hideyoshi Toyotomi contra sus opositores a lo largo del País del Sol Naciente, el periodo Sengoku (guerra civil) de la historia de Japón termina a mediados del siglo XVI dando origen a la conocida paz del Periodo Edo, en cabeza del primer shogun (jefe de gobierno) y fundador del shogunato del mismo apelativo, Tokugawa Ieyasu (sucesor de Hideyoshi en la regencia ganada en sus excursiones). De igual manera, a lo largo del globo, se vieron hondear a lo largo del siglo XV al XVIII las banderas de Portugal, España, Inglaterra, entre otros, en un devenir de conflictos y expediciones donde los intereses políticos del momento exigían descomunal idea anexionarse cuando territorio y población fuese posible.
Ello no ha cambiado en la historia reciente, se sigue presentando el fenómeno, aunque con matices y restricciones que han llevado a atenuar la impresión que conlleva las avideces de algunos por adquirir poder. A veces toma el nombre de ocupación, en otros planes de colaboración, cooperación mutua, ayuda asistida, diplomacia, intereses conjuntos, particulares, patrimoniales, esenciales, indispensables, y muchos más.
En tanto subsistan determinadas necesidades en un grupo determinado de personas, aparecerá una política que busque dar solución a tal urgencia. Resulta entonces la planificación ser el germen del gobierno, y la contingencia o el resultado, la causa intrínseca a la voluntad colectiva de legitimar aquella operación y no seguir colmar las ambiciones individualmente por las sendas de la anarquía.
Apenas es obvio entonces que veamos a Chávez en las que se mantiene a diario, buscando solidificar sus ideales políticos (que personalmente me parecen ser equivocados en muchos aspectos) en torno a quienes parecen afines y adeptos a ellos, y por otro lado, invierta desmedidamente parte del presupuesto de “su” país en armamento que tendría a Rambo babeando. Pero hay que admitir el hecho que todos nos preocupamos en tiempos modernos (y pasados) por nuestra seguridad personal, y por ende, el Estado, de la suya misma. No se puede ser hipócrita pretendiendo que, con tantas amenazas rampantes que se deslizan sigilosamente por las sombras del mundo –y la política -, no se ponga interés en el ministerio de la protección. Incluso los más ricos deben tener cuidado, contra ellos rencores pululan y estallan carros-bombas, como recientemente sucedió en Suecia.
Por ende, ¿por qué tanto show y drama por los cables filtrados por Wikileaks sobre la contemplación del ex presidente Uribe por ir lanza en ristre a Venezuela? Algunos como TeleSUR titulan el episodio como un plan de ataque masivo y personalista contra el Generalísimo Paracaidista de Sangre Roja mientras que otros como El Tiempo (menos estridentes) lo llaman como una incursión en el refugio –perdón, territorio – venezolano por la persecución y eventual captura (¡de ser posible!) de líderes de las FARC y traerlos ante la justicia colombiana.
Hoy todos pegan el grito en el cielo por una idea tan sádica, y por el atrevimiento del ex jefe de estado por elucubrar tan desdeñable propósito, aunque es curioso que en julio de 2010, ordenada una movilización masiva de tropas por parte de Chávez a la zona de frontera, solo nos preocupáramos los colombianos y fueran escasas las voces de rechazo.
Yo hubiera pensado seguramente igual que Uribe viéndole puertas abiertas a mis enemigos. Todos tenemos aquello que consideramos bueno y malo para nosotros mismos. Pero dudo que en mi se hubiese gestado semejante paciencia que brilló en el ex mandatario. Yo hubiera seguido más los pasos de Chávez: ante un peligro tan inminente, me hubiera armado hasta los dientes como él lo ha hecho, y hasta más, y de ser posible, a símil suyo también estaría en gracia con algún régimen del medio oriente (preferiblemente Afganistán o Irak) para tener en auxilio mío en la contienda y llenarle el campo de batalla de extremistas suicidas.
Uno no puede pensar siempre que poner la mejilla sea lo mejor. ¿Si te subyugan, pa’ que mejilla, si también te pueden matar?
Arman escandalo singular los medios de comunicación ante este capítulo de la política internacional cuando es algo que ha sido connatural a la historia de las naciones y de las personas. La lucha de poderes y de la autodeterminación – que tantas veces es mentada por los dictadores y flagrantes violadores de derechos humanos y colectivos para justificar sus acciones – siempre ha estado presente en el devenir diario de la contienda, solo que, como precisamos al principio, toma matices diferentes que resultan de la adaptación al momento histórico. ¿Qué país no tiene un servicio de inteligencia o de seguridad? Ni Suiza, que brilla por su silencio internacional, se salva de ello, sin olvidar que (consecuentemente con el otro show de las chuzadas) es el país donde más interceptaciones se hacen los unos a los otros, el estado a los particulares, los empresarios a la competencia, los vecinos entre sí, porque todos quieren mantener ese nivel de bienestar que han alcanzado y hacer primar la seguridad.
Aquel pensamiento del ex mandatario, me pregunto, ¿qué colombiano del común no lo ha de haber tenido en su momento? Ya fuera por la amenaza del socialismo del siglo XXI que busca también la primacía de sus intereses, o buscar desmantelar los reductos de las FARC que tanto daño de han hecho al país lejos de diálogos y tras un manto de financiamiento en el narcotráfico, y lógico el contemplar la situación y pensar en las probabilidades en lugar de actuar como borregos despotricados que salen a la carrera a hacer cualquier sarta de deslices.
Especial interés pondría, por el contrario, no a algo tan superfluo, a un simple hipotético no consumado, sino a los porqués o las intenciones que pueden estar detrás de tanto escándalo y alarido de quienes ya alimentan el manzanar de Eris con esto de las filtraciones
